domingo, 7 de mayo de 2017


Alejandro Nicotra

Tres poemas




Estación

Ya pronto
el fresno del jardín vestirá de amarillo
la tierra, en torno a sí. Vendrán las horas
que espera el hombre viejo:
                                            reclusión,
junto a la luz de una ventana,
con el libro en la mano y la memoria
sobrevolando días, los residuos
del amor y del duelo.

*

Estrofa de invierno

                                           (Jardín)

Este rocío, alguna vez,
te fue sonrisa, dádiva
del alba:               
 ahora, al despertar,
                        se ofrece
─un don también, lo sabes─
en tenue lágrima, de cuanto
ha dejado la noche.


*
  
Última cita

Ella está ahí, esperándome,
a pocas cuadras, en la plaza
final:
         yo camino, despacio,
atento al mundo
de la acera ─sus árboles, sus pájaros─
por si aún me entregase una palabra,
ya última, que darle:
                                 ofrenda, sí,
de reconciliación.


Alejandro Nicotra


[Inéditos, abril-mayo 2017]

martes, 2 de mayo de 2017


Alfonso Berardinelli

El escándalo de la lectura

―Traducción de Pablo Anadón―





La literatura, en la enseñanza, se presenta desde el inicio como algo alienado y alienante, de lo cual se obtendrán resultados fatalmente deprimentes y reductivos, tanto desde el punto de vista de lo que la literatura es, como desde el punto de vista de lo que la enseñanza debería ser.
La primera cosa errada que, sin darnos siquiera cuenta, aprendemos en la escuela e incluso en la universidad, es que las obras literarias han sido escritas por sus autores y están ahí ante nosotros para ser enseñadas y estudiadas. Y que en un cierto sentido la literatura (pero lo mismo vale para todo lo que se convierte en “materia escolar”) existe, antes que todo, y tal vez solamente, dentro de la escuela, bajo forma de instrumento, contenido, relleno o pretexto para la praxis didáctica. La Praxis Didáctica lo domina todo. Es una condición trascendental y apriorística, ¡es la forma teórico-práctica que da forma teórico-práctica a todo lo que toca! (Lo que se podría tratar de obtener de los propios hijos es que no crean que si de un día para el otro la escuela desaparece, desaparecerían con ella todas las cosas de las que les hablan en la escuela: las catedrales góticas y la revolución francesa, la sintaxis del período y los poemas de Cavalcanti).
La primera cosa que hay que hacer, pues, es ésta: evitar por todos los medios que la enseñanza vuelva irreales a los propios objetos, transformándolos precisamente en nada más que materias de enseñanza (interrogación en clase, estudio en la casa, lecciones, exámenes, etc.). Los programas ministeriales, y sobre todo la organización cotidiana de la vida escolar, son máquinas apisonadoras, que parecen hechas a propósito para triturar la más adamantina voluntad de independencia. De hecho, la libertad de enseñanza se reduce a muy poco. Para hacer algo diferente de “lo que todos hacen”, es casi siempre indispensable la solidaridad de algún otro profesor. O es necesario estar absolutamente convencidos de que un docente animado de real curiosidad, sinceridad y coraje no podrá nunca ser desmentido por “resultados negativos”: porque tendrá siempre de su parte los sagrados principios de todo el pensamiento pedagógico clásico y moderno, y los estudiantes, si no inmediatamente, tarde o temprano entenderán que están en compañía de una persona viviente y pensante, y no de una copia fiel realizada en conformidad con las más recientes y remotas directivas “superiores”.
Tengo la impresión de que quien enseña y quien estudia literatura (y no sólo quien la estudia como estudiante, sino incluso quien la estudia como estudioso) tiende a olvidar que las obras literarias no han sido escritas por sus autores para ser enseñadas y estudiadas, sino para ser leídas y releídas. Quien lee a un clásico debería ser tan ingenuo y presuntuoso como para pensar que ese libro ha sido escrito justamente para él, para que se decidiera a leerlo.
Aunque los lectores hayan aumentado en número, la calidad de la lectura probablemente ha empeorado. El gran desarrollo y la proliferación de los métodos para analizar un texto se deben también a esto: en efecto, cuanto peor es la calidad de los alimentos, tanto más se multiplican los manuales de cocina refinada y las revistas para paladares finos.
En la enseñanza se deberían simplificar las cosas lo más posible. ¿Qué mejor cosa puede hacer un profesor si no es elegir bien los libros a leer y permitir a los estudiantes la mejor lectura posible, creando o estimulando las condiciones para que esto suceda? Por más brillantes que puedan ser las clases del docente, el curso será un fracaso (o peor, un engaño) si los libros prescritos son de escasa calidad o tediosos.
En cuanto a los así llamados métodos de lectura, no logro ver otros que la lentitud y la repetición. Se puede elegir, por ejemplo, más o menos al azar, un poema o una página en prosa, pidiendo a los estudiantes en el aula que los lean en voz alta. Si son veinte alumnos o menos, cada uno hará su lectura. Si el número es más alto, entonces se podrá limitar a diez o veinte lecturas. El experimento puede hacerse tanto con un texto de un autor conocido como con un texto de quien ninguno deba saber nada. Ese poema y ese fragmento de prosa comienza así a tomar forma, es de nuevo presente, asume la voz que cada lector le presta. No todos harán las mismas pausas. La entonación de ciertos pasajes podrá cambiar. Alguien se equivocará o saltará alguna palabra. Algunos tratarán de imitar a los actores de la radio o de la televisión. Otros leerán de manera expeditiva, o harán una caricatura burlona de ciertos detalles. Cada uno, esperando su turno de lectura, dará más atención al modo de leer de quien lo precede y se preparará, más o menos intencionalmente, a leer ese verso o esa frase o el texto entero con algún mejoramiento o cambio de tono. Como sea, la presencia más comprometida y real en el aula será ese texto que cada uno y muchos deberán leer, al cual cada lector dará algo propio. Los errores y las incertidumbres en la lectura son tan útiles como las pronunciaciones más hábiles y logradas: a veces incluso más, porque sugieren una corrección, señalan vacíos de atención y riesgos de malentendidos. Las capacidades para la “recitación” no tienen nada que ver. Será bueno aconsejar que se lea de tal modo que, mientras se lea, quien lo esté haciendo entienda lo mejor posible el significado de las frases, se abandone a su juego y sienta su ritmo.
El alto número de las lecturas y la concentración que se crea tienden a favorecer una especial tensión y espera interpretativa, que permite pasar al momento siguiente: el de la observación, el comentario, la discusión y selección de las impresiones de lectura. (Pero también se podría postergar todo esto para otro día, o dejar en torno de lo que se ha leído una vasta zona de silencio). ¿Qué ha golpeado? ¿Qué sentido tiene tal elección lexical? ¿Qué sugieren ese enjambement y esa cesura? ¿De qué se habla? ¿Qué venimos a saber leyendo esa página? ¿Qué más se debería o se querría saber para entenderla mejor? Esto, naturalmente, es sólo un punto de partida. Se puede decidir si seguir adelante comentando esas pocas líneas por todo un mes, por todo un año, leyendo el libro de principio a fin, o en cambio pasar rápidamente a otro, a textos de la misma época pero muy diferentes, a textos muy semejantes de épocas lejanas, según los propios programas o siguiendo la concatenación de problemas y de curiosidades que nazcan en el curso de la discusión. El mejor resultado de un curso de literatura será siempre esto: que los estudiantes sigan hablando de esas páginas y de esos libros también fuera de las horas de clase y después de haber superado su examen.
¿Pero hay todavía alguien que esté verdaderamente interesado en saber qué está escrito en los libros, de qué hablan las obras literarias, qué querían decir los escritores escribiendo lo que han escrito? ¿Y es posible que nos preguntemos esto en la enseñanza? Lo dudo. Porque si así fuese, ¿cómo sería posible prescribir en las escuelas y en la universidad (digo, ¡en las escuelas, en la universidad!) el estudio de Leopardi y de Dante, hacer “sobre” ello millares de interrogaciones, lecciones, exámenes, ejercitaciones escritas, sin ser tocados ni siquiera un instante por la aspiración al paraíso, por la angustia del infierno, por el problema del suicidio y por la insensatez del “progreso” humano?
No logro ver ninguna función y utilidad de la lectura de las obras literarias que ésta: escándalo, conocimiento, evasión, ensimismamiento.
Qué es lo que estas experiencias procurarán a los alumnos, nunca estaremos en grado de decirlo con anticipación. Cada generación, cada público, cada individuo debe experimentar de nuevo en sí mismo el efecto de los clásicos. Aunque sea de un solo verso y de una sola frase.


[Traducido de: Alfonso Berardinelli, Cactus / Meditazioni, satire, scherzi, L’ancora del mediterrano, Napoli, 2001, pp. 73-76.]

martes, 28 de marzo de 2017


Alfred Lord Tennyson

Al Mar






Al Mar


¡Rompe contra tus frías rocas grises,
Rompe, restalla sobre ellas, Mar!
Yo, en tanto, intentaré que mi voz diga
Eso que en mí quiere aflorar.

¡Oh, bien el hijo de los pescadores,
Que grita mientras juega con su hermana!
¡Oh, bien el joven marinero
Que con su barca en la bahía canta!

Y los navíos majestuosos van
A los puertos detrás de la colina…
¡Oh, pero el roce de una mano
Desvanecida, y esa voz perdida!

¡Rompe, restalla, rompe
Al pie de tus acantilados, Mar!
Pero la dulce gracia de aquel día
Muerto, hasta mí ya nunca volverá.


Alfred Lord Tennyson

[Versión de P. A.
Ranchos, 27-III-16
Para Olivia Dover]


*


Break, break, break…


Break, break, break,
         On thy cold gray stones, O Sea!
And I would that my tongue could utter
         The thoughts that arise in me.

O, well for the fisherman's boy,
         That he shouts with his sister at play!
O, well for the sailor lad,
         That he sings in his boat on the bay!

And the stately ships go on
         To their haven under the hill;
But O for the touch of a vanish'd hand,
         And the sound of a voice that is still!

Break, break, break
         At the foot of thy crags, O Sea!
But the tender grace of a day that is dead
         Will never come back to me.


Alfred Lord Tennyson


(Somersby, 1809 Lurgashall, 1892)

sábado, 18 de febrero de 2017

Camillo Sbarbaro

Ahora que has venido




Ahora que has venido…

Ahora que has venido,
que con paso de danza 
has entrado en mi vida
casi como una ráfaga en un cuarto cerrado
para obsequiarte, bien tan esperado,
las palabras me faltan y la voz
y callar a tu lado ya me basta.

Así el silbo de aves, que ensordece
el bosque al alba, calla
cuando el sol sale sobre el horizonte.

Pero a ti te buscaba mi inquietud
cuando de chico
me asomaba en la noche de verano
a la ventana, como sofocado:
me ahogaba el pecho lo que no sabía.
Y todas tuyas son esas palabras
que, como agua en el borde que rebalsa,
venían a la boca por sí solas,
en las horas desiertas, 
cuando puerilmente se adelantaban
mis labios de hombre, inadvertidamente,
en el deseo de besar...

Camillo Sbarbaro
(Santa Margherita Ligure, 1888 – Savona, 1967)

Versión de P. A.
Córdoba, 18-II-17 


*


Ora che sei venuta...

Ora che sei venuta,
che con passo di danza sei entrata
nella mia vita
quasi folata in una stanza chiusa –
a festeggiarti, bene tanto atteso,
le parole mi mancano e la voce
e tacerti vicino già mi basta.

Il pigolìo così che assorda il bosco
al nascere dell’alba, ammutolisce
quando sull’orizzonte balza il sole.

Ma te la mia inquietudine cercava
quando ragazzo
nella notte d’estate mi facevo
alla finestra come soffocato:
che non sapevo, m’affannava il cuore.
E tutte tue sono le parole
che, come l’acqua all’orlo che trabocca,
alla bocca venivano da sole,
l’ore deserte, quando s’avanzavan
puerilmente le mie labbra d’uomo
da sé, per desiderio di baciare…



Camillo Sbarbaro 
(Santa Margherita Ligure, 1888 – Savona, 1967)

martes, 29 de noviembre de 2016


Evgueni Evtushenko

No te des prisa...





No te des prisa...

Date prisa, ven pronto junto a mí,
Si estoy lejos, si no hallo una salida,
Si hay nubes de tristeza en mi ventana,
Si mi vida es como una pesadilla.

Date prisa, si ves que estoy dolido,
Date prisa, si estoy callado y triste,
Date prisa, si añoro a algún amigo,
Date prisa, ven pronto junto a mí…

No te des prisa, cuando está
Lejos la pena, y tú a mi lado,
Dicen que “sí” las hojas y las aguas,
Las luces, y los trenes, y los astros…

No te des prisa, cuando se miran las miradas,
No te des prisa, cuando no hace falta la prisa,
No te des prisa, cuando el mundo está callado,
No te des prisa…

Evgueni Evtushenko

[Versión de P. A.
Córdoba, 31-V-15]


*

Не спеши...

Ты спеши, ты спеши ко мне
Если я один, если трудно мне.
Если я, словно в страшном сне,
Если тень беды в моем окне.

Ты спеши, когда обидят вдруг,
Ты спеши, когда мне нужен друг,
Ты спеши, когда грущу в тиши,
Ты спеши, ты спеши!

Не спеши, не спеши, когда
Мы с тобой вдвоем и вдали беда,
Скажут "да" листья и вода,
Звезды, и огни, и поезда...

Не спеши, когда глаза в глаза,
Не спеши, когда спешить нельзя,
Слушай ночь, замри и не спеши,
Не спеши, не спеши...


Евгений Евтушенко




domingo, 20 de noviembre de 2016


Jorge Luis Borges

Dos poemas en inglés





Dos poemas en inglés

A Beatriz Bibiloni Webster de Bullrich

I

El amanecer inútil me encuentra en una esquina desierta;
he sobrevivido a la noche.
Las noches son olas orgullosas: altas olas azules desplomándose
bajo el peso de todos los colores de profundos despojos,
el peso de cosas imposibles y deseables.
Las noches tienen una costumbre de misteriosos dones y rechazos,
de cosas otorgadas a medias, a medias rehusadas, de
alegrías con hemisferios oscuros. Así hacen las noches,
te lo digo.
La marea, esta noche, me dejó los fragmentos habituales y
ocasionales restos: algunos amigos odiados para charlar,
música para soñar, y el humo de amargas cenizas.
Las cosas a las que mi hambriento corazón no les
encuentra uso.
La ola enorme te trajo.
Palabras, palabras cualesquiera, tu risa; y vos tan
abandonadamente, tan incesantemente hermosa.
Hablábamos y habías olvidado las palabras.
El amanecer desgarrador me encuentra en una calle desierta
de mi ciudad.
Tu perfil dándose vuelta, los sonidos que hacen tu nombre,
el acento de tu risa: éstos son los ilustres juguetes
que me has dejado.
Los vuelvo de un lado y del otro en el amanecer, los pierdo,
los encuentro; se los cuento a los pocos perros
vagabundos y a las pocas estrellas vagabundas
del amanecer.
Tu vida oscura y rica…
Debo alcanzarte de algún modo: renuncio a los ilustres juguetes
que me dejaste, quiero tu oculta mirada, tu verdadera
sonrisa ―aquella solitaria, irónica sonrisa que tu frío
espejo conoce.


II

¿Con qué puedo retenerte?
Te ofrezco pobres calles, atardeceres desesperados, la luna
de los mellados suburbios.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente,
largamente la solitaria luna.
Te ofrezco mis antepasados, mis muertos, los espíritus que los
vivos han honrado en el bronce: el padre de mi padre,
muerto en la frontera de Buenos Aires, dos balas
atravesando sus pulmones, barbado y muerto,
amortajado por sus soldados en cuero de vaca;
el abuelo de mi madre ―con veinticuatro años―
encabezando una carga de trescientos hombres en el
Perú, ahora espectros sobre sombras de caballos.
Te ofrezco cuanta sabiduría puedan tener mis libros, cuanta
hombría o humor mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco esa médula de mi ser que he salvado, de algún modo
―el corazón central que no trata con palabras, no
comercia con sueños y no es tocado por el tiempo,
la alegría, las desdichas.
Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista al atardecer,
años antes de que vos nacieras.
Te ofrezco explicaciones de vos misma, teorías acerca de vos
misma, auténticas y asombrosas novedades sobre
vos misma.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón:
estoy tratando de sobornarte con la incertidumbre,
con el riesgo, con la derrota.


1934

Jorge Luis Borges

[Versión de P. A.
Córdoba, 1983]


*


Two English Poems

To Beatriz Bibiloni Webster de Bullrich

I
  
The useless dawn finds me in a deserted street-corner; I have
outlived the night.
Nights are proud waves; darkblue topheavy wavesladen with
all the hues of deep spoil, laden with things unlikely
and desirable.
Nights have a habit of mysterious gifts and refusals, of things
half given away, half withheld, of joys with a dark
hemisphere. Nights act that way, I tell you.
The surge, that night, left me the customary shreds and odd
ends: some hated friends to chat with, music for dreams,
and the smoking of bitter ashes.  The things my hungry
heart has no use for.
The big wave brought you.
Words, any words, your laughter; and you so lazily and incessantly
beautiful. We talked and you have forgotten the words.
The shattering dawn finds me in a deserted street of my city.
Your profile turned away, the sounds that go to make your name,
the lilt of your laughter: these are the illustrious toys you
have left me.
I turn them over in the dawn, I lose them, I find them; I tell them
to the few stray dogs and to the few stray stars of the
dawn.
Your dark rich life...
I must get at you, somehow; I put away those illustrious toys you
have left me, I want your hidden look, your real smile
that lonely, mocking smile your cool mirror knows.
  

II
  
What can I hold you with?
I offer you lean streets, desperate sunsets, the moon of the jagged
suburbs.
I offer you the bitterness of a man who has looked long and long
at the lonely moon.
I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts that living men
have honoured in bronze: my father's father killed in the
frontier of Buenos Aires, two bullets
through his lungs, bearded and dead, wrapped by his
soldiers in the hide of a cow; my mother's grandfather
just twentyfour heading a charge of three
hundred men in Peru, now ghosts on vanished horses.
I offer you whatever insight my books may hold, whatever
manliness or humour my life.
I offer you the loyalty of a man who has never been loyal.
I offer you that kernel of myself that I have saved, somehow
the central heart that deals not in words, traffics not
with dreams, and is untouched by time, by joy, by
adversities.
I offer you the memory of a yellow rose seen at sunset, years
before you were born.
I offer you explanations of yourself, theories about yourself,
authentic and surprising news of yourself.
I can give you my loneliness, my darkness, the hunger of my
heart; I am trying to bribe you with uncertainty, with
danger, with defeat.
  

1934

Jorge Luis Borges